Ningún libro publicado en América latina es ingenuo

La prueba del ácido

Élmer Mendoza (Culiacán, México, 1949) es catedrático de literatura en la Universidad Autónoma de Sinaloa y miembrode la Academia Mexicana de la Lengua. Figura faro en la ahora llamada narcoliteratura, Élmer Mendoza muestra una época y un país de la mano de un singular detective el “Zurdo” Mendieta".

Hay muchas referencias musicales a lo largo de todo el libro. ¿Cómo las elige?

Intento que acompañen momentos de intensidad narrativa. Que mi lector sume su recuerdo a una escena y la pueda sentir y calificar como interesante.
Es un discurso adicional al de la narración de la novela que no es espontáneo.

La cantaleta de Yoreme llega a ser fatigante, ¿era esta su intención?

No, al contrario, deseaba hacerla divertida. Se trata de un cuento infantil con que nuestras maestras y padres nos torturaban. Es del tipo de la Zorra y el cuervo.
Deseaba también recrear las obsesiones típicas de las personas que pierden el juicio por drogas, y desde luego que cumpliera esa función en la novela. Siento pena por no haberlo conseguido.

Incluir los diálogos en el párrafo, dejando al lector crear las separaciones y entonaciones de las frases tomando en cuenta el contexto se hace mucho últimamente. ¿Por qué ha elegido ese estilo?

Lo elegí hace 17 años siguiendo a José Saramago.
Lo hago porque la novela policiaca también debe modernizarse, debe utilizar formas que funcionan; además creo que ayuda a la lectura rápida e incitante que requiere una novela policiaca.
Sé que los lectores se desconciertan, pero también sé que aceptan el reto. Me lo han dicho y cuando leen más de uno de mis libros se acostumbran. Por otra parte, los detractores recalcitrantes del género policiaco están desconcertados: ellos que creían que autores y lectores sólo éramos capaces de escribir y leer discursos tradicionales. Pues no, la emoción de la modernidad nos gusta y también el reto que implica.

El género de la novela negra permite abordar el tema político fácilmente. Con respecto a esto, ¿cuál es su responsabilidad como escritor?

Mi principal afán es escribir buenas novelas. Novelas que señalen nuestro tiempo, nuestra forma de vivir y el estado crítico en la administración de la justicia. Pero mis novelas han rebasado esa idea. Están señalando la podredumbre del sistema político que sufrimos en México y América latina. Han conseguido que la gente no se olvide de las debilidades que tenemos como sociedad y pida que se resuelvan.
Ningún libro publicado en América latina es ingenuo, la mayoría de nuestras novelas poseen una carga social y eso las hace necesarias como testimonios que trascienden la ficción. La corrupción y la impunidad son reales.

“Un pendejo que no vota, que no pide aumento, que no escribe quejas,…” El Zurdo Mendieta se describe a sí mismo de esta manera como un mexicano promedio. ¿Piensa usted que el mexicano se ha vuelto irrevocablemente conformista?

No. Los mexicanos se están moviendo; cuestionan al gobierno, cuestionan la miseria y la debilidad de nuestras instituciones. Usan su voz, pero aún no tienen líderes capaces de capitalizar esa fuerza.
El Zurdo está en un momento de depresión en que se autodescalifica, pero eso es algo que sucede en todo el mundo y a la mayoría de los adultos.