Creo que la línea de demarcación entre la adultez y la infancia es una frontera muy extraña, que se desdibuja todavía más en el contexto del ejército. Alguien considerado como un chiquillo algunas semanas antes, es ahora un soldado,...


Shani Boianjiu

Boianjiu © Rachel Papo

La gente como nosotros no tiene miedo

Shani Boianjiu nació en 1987 en Jerusalén y creció en una pequeña ciudad en la frontera con el Líbano. Tras servir en el Ejército israelí durante dos años, estudió en Harvard. Vive en Kfar Vradim, Israel. Su primera novela, La gente como nosotros no tiene miedo, aclamada por la crítica internacional, ha sido traducida a más de 20 idiomas.

El humor está presenta a todo lo largo de la novela, generalmente en situaciones que no se supone deban ser divertidas. ¿Qué importancia tenía para ti guardar un tono ligero a pesar de lo serio de la situación?

Mi novela habla de jóvenes. De hecho, el ejército ha sido el periodo más divertido de mi vida; Encuentro seguido el humor en mi vida. Era importante para mí mantenerme fiel a eso. Pero no intenté volver las historias divertidas a propósito para que fueran más sencillas para el lector. De hecho, me sorprendió mucho saber que algunas personas encontraban que había humor en mi historia, puesto que tengo un sentido del mismo muy particular.
Yo diría que al final de cuentas, el ejército es una situación naturalmente cómica de una cierta manera: se toman personas muy jóvenes, se les da un uniforme y un puesto y se espera que se comporten de una cierta forma, como si estuvieran actuando en una obra de teatro.

¿Que es lo que te llevó a contar esta historia bajo el filtro de la ficción en lugar del de la no-ficción?

Las historias son ficticias, véase subrealistas a los ojos de algunos. Son imaginadas. Presentar una opinión no me interesaba. Imaginar las cosas, eso me interesa. Pensé también que ya hay bastantes personas que expresan su opinión sobre los conflictos del Medio Oriente. Si hubiese escrito no-ficción, no creo sinceramente, que nadie me hubiese puesto atención. En el futuro, es posible que sea algo que me interese. Pero lo que me gusta escribir, es ficción. Es lo que mejor conozco.

Aunque las protagonistas sean amigas en el liceo, antes de su servicio militar, con el paso del tiempo las tres jóvenes se vuelven cada vez más presas de la soledad y el ocio. ¿Es esto algo que constataste durante tu servicio militar?

Yo diría que sí. La gente tiene tendencia a alejarse, aunque conozco gente que se mantiene allegada a sus amigos del liceo. Dicho esto, no creo que sea posible generalizar partiendo de mi libro. Apuesto que podría encontrar personas que han conocido a sus mejores amigos en el ejército. Pero en general puede acarrear un encierro sobre si mismo porque uno no escoge el lugar ni la gente con la que hará el servicio. Personas que vienen de lugares y de medios muy diferentes tienen que hacer su servicio militar juntos, y no todos logran hacer amigos, aunque el mito pregone lo contrario.

Durante la manifestación, Lea utiliza un fusil Federal que “parecía más a un juguete que todos los fusiles falsos que había tenido la ocasión de ver”. Numerosas escenas de la novela juegan con el desface entre infancia y adultez. Este desface ¿era un elemento fundamental para ti cuando comenzaste a escribir la novela?

Si, absolutamente. Creo que la línea de demarcación entre la adultez y la infancia es una frontera muy extraña, que se desdibuja todavía más en el contexto del ejército. Alguien considerado como un chiquillo algunas semanas antes, es ahora un soldado, pero ¿en qué medida esta persona cambia interiormente? La mayor parte de mis historias ocurren entre esas edades en las que uno no se considera todavía un adulto pero que ya no es un niño. Creo que hoy día los jóvenes toman mucho tiempo para crecer. Esta frontera entre la edad adulta y la infancia es también un línea que establece en la novela la distinción de lo que es real y lo que no.

Has tenido alguna retroalimentación sobre tu novela de gente que ha servido, como tú, en el ejército israelita?

Si, un poco. Mujeres me han dicho que pueden verdaderamente identificarse, especialmente mujeres más grandes que yo. Pero he tenido solamente algunas retroalimentaciones de gente que ha servido en el ejército.