Mis personajes están muy orgullosos de su lugar de origen y eso influye mucho su personalidad.


Jesmyn Ward

Jesmyn Ward (c) Tony Cook

Quedan los huesos

Jesmyn Ward tiene treinta y cinco años y nació en DeLisle, en Mississippi aunque hoy vive en Alabama en donde enseña Escritura Creativa en la universidad. Hija de una familia numerosa, es la primera de sus hermanos a obtener una beca para la universidad. Ha escrito dos novelas de las cuales sólo se ha traducido al español “Quedan los huesos”. En 2011 ganó el prestigioso premio National Book Award.

¿Qué es lo que te motivó a escribir “Quedan los huesos?

Un personaje se apareció en mi cabeza. Se trataba de una adolescente, y yo me preguntaba cómo sería para esta adolescente crecer en un mundo lleno de hombres. ¿Cómo comprendería ella lo que quiere decir ser mujer, ser madre, si crece en ese tipo de ambiente? Y con esta idea comencé.

Al principio, el huracán Katrina no estaba pensado para aparecer en la novela, estaba fascinada sobre todo por al idea de esta chica. Después de haber escrito un capítulo y cuando me preguntaba qué dirección iba a tomar la novela y qué estructura tendría, me dí cuenta de que hacer vivir a este personaje la experiencia del huracán sería una buena manera de poner las cosas a punto, de hacerla más poderosa.

¿Qué relación tienes con Esch Batiste, una narradora tan joven y embarazada?

Quería escribir sobre ella en parte porque se me parece tan poco y es tan diferente a todas las jóvenes con las que crecí. Es una niña que crece en un mundo repleto de hombres. Hay muchas familias numerosas en el seno de la comunidad de la que vengo, y las mujeres asumen roles muy importantes en estas familias, de una cierta forma, ellas son los cimientos. Nunca crecí con una falta de modelos femeninos, pero lo que me interesaba de este personaje es que ella no tuviera. Pienso que en ese sentido, ella es muy diferente de mí. Ella intenta comprender lo que quiere decir ser mujer, e intenta afirmar su amor propio acostándose varias veces con los chicos que conoce. En ese sentido creo que somos muy diferentes.

Tenemos un amor común por la literatura, claro, cuando yo tenía su edad, leía mucho, como ella. De hecho, las dos sobrevivimos al huracán Katrina. Sobrevivir a una experiencia de esas, a una catástrofe natural de esa magnitud cambia a una persona, creo que eso también lo compartimos.

¿Qué significado tenía para usted el incluir escenas de peleas de perros?

Cuando yo estaba más joven mi papá tenía un pitbull y cuando era adolescente mi hermano también. Es algo de lo que fui testigo y de lo que no estaba consciente cuando era niña pero recuerdo haber tenido una reacción muy negativa sobre el tema cuando era adolescente. Creo que de cierto modo, escribir sobre las peleas de perros era un reto para mí, porque intentaba comprenderlos. Creo que es la razón por la cual quise escribir sobre el tema.

Cuando decido escribir sobre un personaje, intento aprender a conocerlo, a comprenderlo. Creo que es lo mismo con las peleas de perros. Quería comprender por qué, en mi propia vida, a los hombres que amaba hacían algo así y claro está, de comprender porqué en el libro, los personajes hacían algo así.

Convertirlo en un tema de escritura me ayudó a llegar a un cierto nivel de comprensión y aceptar porqué hacían algo así y qué es lo que significaba para ellos. Yo creo que el significado que tiene para ellos es muy distinto del que tiene para mí, con mi mirada desde fuera.

Encontramos a la familia, el padre bebedor, la madre ausente, los parientes, el ciclón Katrina, las peleas de perros… diferentes elementos que van a entrar más o menos en conflicto. ¿Ha sido fácil encontrar el equilibrio entre los personajes y los elementos de la naturaleza desencadenados?

El lugar es muy importante para mí. No sólo en mi vida, sino en mi escritura. Mis personajes están muy orgullosos de su lugar de origen y eso influye mucho su personalidad. Creo que el lugar del que vengo es magnífico, y figura en primer plano en todo lo que escribo.