El punto de salida es siempre autobiográfico, pero los libros lo son raramente.


David Nicholls

© Kristofer Samuelsson

Nosotros

David Nicholls es un escritor y dramaturgo británico. Nosotros es su cuarta novela, fue seleccionada para el Man Booker Prize.

En la novela el padre, Douglas, es un bioquímico acostumbrado a encontrar soluciones y a vivir su vida siguiendo una dirección bien precisa mientras que su esposa Connie es de un espíritu más libre. A lo largo de la novela, Douglas termina por preguntarse sobre sus elecciones de vida, a preguntarse lo que su mujer y su hijo piensan verdaderamente de él y duda de más en más.

Absolutamente. Se trata verdaderamente de alguien que se derrumba. Cuando lo encontramos la primera vez, nos cuenta la novela desde el final y a él le parece que todo va bien. Piensa que su vida es agradable, que hizo todo lo que pudo por su hijo y que si no se llevan bien es tanto la culpa de su hijo como la suya propia. El está muy confiado y espera envejecer sin que nada cambie en su vida. Después, de golpe, esta bomba le explota en la cara y tiene que reconstruirse.
Sin insistir demasiado en ello, creo que se trata de una historia de redención, de una persona que reflexiona sobre su vida, intentando de dar la cara a sus errores y de aprender de ellos, preguntándose qué podría haber hecho de forma distinta. Su personaje evoluciona muchísimo entre el inicio y el final de la novela. Al principio el está en su punto más extremo, lo controla todo. Está seguro de que si él organiza todo, todo saldrá bien. Pero el camino es difícil para él, pasa sobre todo por una especie de depresión nerviosa. Eso me parecía potencialmente bastante emocionante.

Seguimos a la familia en un gran tour por Europa, organizado por Douglas. Viajan de ciudad en ciudad y se detienen, especialmente en París y Venecia, donde Douglas y Connie habían estado en los primeros años que siguieron a su encuentro. El recuerdo de esos lugares parece imprimirse en este nuevo viaje que hacen en condiciones completamente diferentes ahora que están casados desde hace tiempo y tiene un hijo de 17 años.

Me gustó mucha esa idea. Viajo a París seguido y pasé ahí mucho tiempo, ahí escribí mi primera novela y regresar me lleva cada vez a diferentes etapas de mi vida. Uno se ve más joven caminando en tal o cual calle y no se da cuenta de lo que ha cambiado y lo que no. Pienso que eso era algo interesante a agregar a una novela basada en la memoria, los remordimientos y el pasado. Es el caso particularmente en Venecia donde, en su primer viaje, le pide matrimonio y a lo largo de este viaje, está a punto de tener una aventura. Eso me pareció que era una simetría interesante. Me gusta jugar con la estructura, incluir especies de ecos, de recuerdos, me parece muy interesante. Tengo tendencia a planificar antes de escribir y en este caso había dos elementos a prever : el itinerario del viaje y la historia de la relación. Aprecio mucho el momento de la novela en el que esos dos elementos se cruzan.

Douglas es el único narrador de la novela y cuando se acuerda de sus años de matrimonio con Connie se trata, claro está, de los recuerdos de él y de lo que él escoge contar. ¿Cómo decidió usted que él sería quien contara la historia?

Escribí otra novela completa que era une especie de novela fantasma. Se trataba de un padre y de su hijo viajando solos a través de Europa, el padre buscando acercarse a su hijo. Pasé casi un año con esa novela y los personajes eran completamente distintos a los que hay en  Nosotros. El padre era una especia de anti-Douglas y el hijo era muy reservado. Había cosas buenas en esa novela pero era un poco fría, un poco áspera y chillona. Se trataba sólo de dos personas que no se entienden y terminé por tirarla a la basura. Quería sin embargo guardar la idea del viaje y el hecho de ser padre. Quería que se tratara de alguien que intenta acercarse a alguien con quin la comunicación es difícil pero quería que fuera más caluroso, más humano.
Así que comencé a escribir la novela desde el punto de vista de otro personaje. Tener acceso a los pensamientos y las intenciones de alguien permite, de una cierta forma, comprenderle mejor. Utilizar la voz de Douglas fue un descubrimiento capital para mí, eso lo volvía simpático, porque nos damos cuenta de que lo que dice no corresponde con lo que piensa. Es un caso común, en todo caso para los británicos… Era una forma de volverlo más humano, de revelar sus intenciones y sus verdaderas aspiraciones.

Hacia el final de la novela, se sorprende seguido de sus propio pensamientos y acciones…

Si, absolutamente.

Un de los temas principales que emerge de la novela es el de la identidad. ¿Piensa usted que ese tema en particular refleja su evolución como escritor ?

No lo sé. Tengo tendencia a evitar ser tan analítico, creo. A medida de que envejezco es posible que mis novelas sean más melancólicas y tristes en algunos puntos. Me tomó tiempo darme cuenta de que, de hecho, no estaba mal ser un poco más serio. Nunca me habría imaginado que mis novelas revelen algo sobre mí. Los libros que escribo surgen de ciertas preocupaciones en particular ya sea que se trata de convertirse en padre o de fracasar en la carrera, o de sentir nostalgia por sus años de estudiante… El punto de salida es siempre autobiográfico, pero los libros lo son raramente.
Me estoy preguntando lo que esta novela podría revelar de mi y no sé muy bien… Puede que haya algo sobre la relación que tenía con mi padre, que no era fácil. Aunque en la novela no hay ningún personaje que se le parezca, hay mucho sobre la forma en que los elementos como la cultura, los gustos y la clase social te pueden separa de alguien. Es algo que encontramos mucho en la novela, ,la forma en la que cada uno cambia a lo largo de una relación. No sé si es a causa de mi edad… Hasta los 38 años pensaba que formaba parte de la generación joven ¡y ahora tengo que aceptar que ya no es así ! Creo que en esta novela así como en Siempre el mismo día uno encuentra la cuestión sobre el camino que cada quien ha recorrido a lo largo de su vida, las relaciones que cambian, y la forma en la que a veces, uno sigue siendo el mismo.
Mi yo de 21 años es un extranjero a mis ojos pero al mismo tiempo sé que compartimos las mismas debilidades y ciertas opiniones : eso es lo que me interesa. Creo que son sólo mis angustias de la cuarentena que se manifiestan.

Además de escribir novelas, usted escribe también para la televisión y el cine. ¿Esta actividad le ayuda en su escritura literaria e inversamente ?

Creo que sí. Por ejemplo, en Nosotros, uno alterna entre el pasado y el presente y pasa de un lado al otro. La escritura de guiones es benéfica en ese sentido. Uno aprende cuando comenzar una escena y cuando terminarla o como pasar de una escena ala otra. Yo planifico mucho, en mi cabeza o sobre papel antes de escribir, eso lo hacen muchos guionistas. La aproximación que tengo a cada personaje es más o menos la misma que la que un actor podría tener. Reflexiono sobre su biografía, sobre sus gustos, sus elecciones se ropa, la música que escucha, su medio social… Creo que ese es el método adoptado por los actores. Me gusta mucho escribir diálogos, es lo que más me gusta de escribir, podría hacer eso todo el día. Me parece que la prosa descriptiva es mucho más difícil de escribir. Escribir diálogos es el aspecto que prefiero de mis dos actividades, el aspecto difícil es encontrar una estructura que funcione y un punto de vista. Me divierto mucho más con el, diálogo.
Cuando comencé a escribir ficción, alguien debió decirme que no era importante escribir lo que el personaje pensaba y sentía. En un guión, uno no puede hacer eso. Hay que encontrar un modo de mostrarlo, es la diferencia más grande. Cuando escribo un guión a partir de un libro, encuentro muy difícil cortar toda esa parte, porque es igual, muy importante.
Acabo de trabajar sobre la versión cinematográfica de Lejos del mundanal ruido. En la novela original, Thomas Hardy escribe todo un capítulo sobre la personalidad de su personaje, su pasado, su filosofía de vida. Lo dice de una forma muy audaciosa y directa. No es posible hacer eso en un guión.

De hecho, usted mismo adaptó su novela Siempre el mismo día al cine ¿Como se desarrolló el proceso de transposición ?

Fue muy difícil porque conocía tan bien el texto que eso me volvía un poco ciego. No es posible ser objetivo sobre un texto que uno ha escrito. Uno no puede decidir imparcialmente lo que funciona, lo que no funciona y lo que hay que cortar. Estaría muy reticente frente a la idea de repetir la experiencia, porque una aproximación quirúrgica es necesaria. Hay que estar desligados y ser objetivos para decir « voy a cortar aquí, hay que cortar esto » y cuando uno es el autor de un texto, uno tiene deseos de decir « No se puede cortar esto, es parte de mi vida, es importante para mí, es parte de mi identidad », y el guionista debe decir « Eso está muy bien pero no va a funcionar en pantalla. » Es lo más difícil.

¿Un cierto pragmatismo es necesario ?

En las películas del oeste, si a un personaje le disparan, siempre hay una escena en la que se ve como se retira el mismo la bala de la pierna mientras le echa alcohol a la herida y muerde algo para disminuir el dolor. Es a eso a lo que se parece el proceso de adaptación de una novela. Fue muy doloroso y difícil, no creo repetirlo.

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Esta es una historia sobre lo que es la vida en pareja, la paternidad y el difícil equilibrio entre la razón y la emoción, la madurez y la juventud.